Nuestra vida está moldeada por el software que utilizamos. Y una de las consecuencias de eso es que hoy podemos establecer miles de cartografías repletas de la información con nuestros recorridos diarios.
Hoy podemos pensar nuestras navegaciones en las redes como derivas. Pero lo cierto es que al igual que en el mundo real, se impone una especie de neo medievalismo, ya que los recorridos son bastante parecidos todos los días, y la variedad no es demasiado extensa.

Esto viene a cuento de un debate que tuvimos en Twitter con @enriquecarrier a propósito de este artículo que escribió sobre la libertad de movimiento de los usuarios entre las redes sociales, cuyo modelo se acerca al de los viejos BBS.
Si analizamos nuestro comportamiento como usuarios, las redes sociales nos están invitando a compartimientos de información que no se comunican fácilmente entre si, generando algo que aún desconocemos pero que pronto va a ser una realidad: el pasaporte digital o la identidad digital unificada.
Desde el punto de vista técnico, este pasaporte digital podría resolver el proceso de identificación, validación y autenticación, instancias que vivimos diariamente al entrar a nuestro correo, acceder a las redes sociales y descargar algunos contenidos.
Una de las metodologías que se están probando para validar identidades consiste en guardar perfiles de navegaciones (ya no derivas, sino trazabilidad de las personas) para identificar si el par usuario contraseña coincide con el historial y la dirección IP de la persona que intenta entrar a un sitio.
Con esto, la trazabilidad pasa a ser un componente vital para determinar una identidad, lo cual da lugar a la verificación del historial de una persona, para saber si es quien dice que es. Esto sucede mientras el anonimato es cada vez más cuestionado en los medios. Algo para pensar.
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