Parecen inofensivas, es cierto. Copian todos los tics de sus ídolos y eternizan su imagen más pasteurizada. Quizás por eso causan tanto desagrado.
Dedicado al justiciero que todos tenemos dentro, va este instructivo para deshacerse de un cantante genérico de banda tributo a The Beatles.
Instrucciones:
-Identificar con nombre y apellido al cantante de The Beats. Todos lo reconocemos por su falso y malogrado parecido a un John Lennon de La Paternal. Pero antes de liquidarlo, cerciórese de obtener datos más precisos sobre el tipo en cuestión. No sea cosa que liquidemos a cualquier dolobu que se le parezca, sin más razones que su portación de flequillo demodé, o artilugio capilar de similares características.
-Bajo ningún lugar, olvide informarse acerca de su vida familiar. Si tiene un hijo llamado Julian, y planea llamar Sean al segundo pibe, o estuvo casado con una Cintia, y curte con la hija del tintorero del barrio, el cantanticidio será mas que merecido.
-Deberá asistir a sus recitales para ver cómo imita a su ídolo. Al verlo repetir monerías que quedaron en desuso a fines de los 60, o escucharlo hablar del amor libre en estos tiempos, lo harán darse cuenta que la butaca de un teatro de barrio es un excelente lugar para planear un crimen.
-Por eso también tendrá que hurgar en sus cuadernos posibles composiciones musicales. Estos personajes son propensos a sentirse vacíos luego de años de calcar vida y obra de sus ídolos, y creen tener algún talento extra que el de la imitación. Confirmado: no lo tienen. No hay noticias de que un imitador se haya convertido en estrella. Y hay que hacérselo saber al copycat de turno. Un disparo es una buena forma de hacerlo.
-Para eso debe elegir un lugar apropiado. La elegancia del edificio Dakota sólo puede ser comparable con la rancia alcurnia de nuestro Kavannagh, lugar que alberga artistas, ladrones de guante blanco (funcionarios de dictaduras), y ancianas arrugadas de doble apellido, triple herencia y cero sensualidad. Tras llenar varias funciones con su grupejo de imitadores, y obtener un jugoso contrato con Juan Alberto Badía, el falso Lennon podrá cumplir su viejo anhelo y mudará sus pertenencias al Kavannagh, replicando la historia de su ídolo.
-Luego, recurrir a la guía telefónica, el padrón electoral o cualquier registro para encontrar a un Marcos Chapman. Cuando el futuro asesino esté en la mira, repentinamente comenzará a recibir discos de The Beats. Para él, sin razón alguna. Nunca sabrá que es parte de un maquiavélico plan.
-Cuando el Chapman local esté realmente compenetrado en el arte de los Fab-4-Copycats, deberá enviarle entradas para sus shows.
-Importante: hay que sabotear la conexión de cable del asesino, para que sólo pueda captar el programa de revólveres y armas que dan por K24, la señal pseudopolicial en la que trabajan algunos cincuentones trasnochados que aman la cacería, las armas y las peleas.
-Los primeros días de diciembre, un falso equipo de la empresa del cable, llegará a la casa de Chapman para arreglar su conexión. Pero en su lugar instalarán un cuidadoso sistema de audio que repetirá durante las noches: ¡Mata al imitador! ¡Mata al imitador! ¡Mata al imitador!
-Y el fatídico día 8, cuando el falso Lennon se levante para salir a comprar el diario y unas facturas para acompañar el mate, Marcos Chapman estará esperándolo, mientras en su cabeza retumba esa frase que lo llevará a la posteridad vernácula.
-Años más tarde, en su celda, cuando el sueño haya terminado, gritará a los cuatro vientos que es inocente, que todo fue un complot orquestado por unos delirantes que querían liquidar al cantante de The Beats.
-Cada 8 de diciembre, el asesinato de su ídolo quedará opacado por la muerte del verdadero Lennon. Imágenes de Mark Chapman inundarán la pantalla, y apenas habrá alguna referencia a él, con ese tonito socarrón que a veces logran los conductores de noticieros.
-Con suerte, algunos medios rescatarán las placas rojas que Crónica TV le dedicó el día del asesinato. “Falso Mark Chapman asesina a imitador de John Lennon.”

July 9th, 2009 at 1:35 pm
el problema està en que tambièn habría que encargarse del resto del grupo.
Georges Harrison murió de cancer hace unos añitos. Deberíamos pagarle a todo el grupo un viajecito turístico a Chernobyl incluyendo en el menu las verduritas de la región. El cancer haría el resto del trabajo.