La Real es lo real

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En 2007 tuve la idea de abrir mi propia empresa de contenidos. Coyuntura laboral mediante, este año se dio la oportunidad de volver al ruedo con mi productora, algo que había experimentado entre 2003 y 2005. Pueden conocerla aquí. Espero que disfruten el video.

Rentabilidad, divino tesoro

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Una de las prepocupaciones de bloggers es la necesidad de hacer rentables sus proyectos en Internet, en un contexto bastante desfavorable por dos razones: la aparente gratuidad del contenido y la competencia con los grandes productores globales.

Si bien muchos bloggers empezaron a experimentar con sus blogs como una forma de pasatiempo profesional, o extensión de sus trabajos como periodistas, para muchos se está convirtiendo en una fuente de ingresos, ya sea a través de la compensación monetaria por publicidad, o el reconocimiento simbólico de una comunidad o de sus colegas.

Para poder lograr esto, es necesario contar con herramientas de medición de tráfico, de investigación de audiencias e inteligencia de mercado, al igual que lo hacen las empresas, y de hecho son utilizadas con éxito por muchos de los bloggers más reconocidos del mundo, y también de la Argentina.

Una forma de incrementar la audiencia de un blog es posteando en las redes sociales. Se puede direccionar tráfico desde Facebook o Twitter pero ahora aparece un nuevo riesgo: la pérdida de audiencia en el blog,  la dispersión de comentarios, señalada con acierto en Denken Über.

Lo más interesante de este análisis es que abre la puerta a una discusión que hasta el momento no había aparecido. Las redes sociales no permiten a los usuarios armar sus propias estadísticas de tráfico y seguimiento, integrando widgets o herramientas de uso libre sobre su infraestructura, con lo cual se empieza a configurar una zona en la cual las audiencias masivas se concentran sobre plataformas cerradas.

Para los anunciantes, esto elimina el riesgo de atomización  que tiene hoy Internet, y les permite negociar con una sola emrpesa, que puede ofrecer audiencias hipersegmentadas, haciendo análisis de los datos que son constantemente actualizados por los usuarios.

Por eso, a la ecuación Free versus Premium, hay que agregarle un viejo término: concentración. Ese será el nombre del juego para la próxima generación de Internet.

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El software como hecho cultural

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A partir de la lectura del libro Software takes command de Lev Manovich –disponible online en formatos Word y PDF– emerge una nueva cuestión: la necesidad de realizar estudios culturales sobre el software.

Esta iniciativa obedece a varias cuestiones, la más relevante, que el software ocupa un espacio cada vez mayor en la vida social.

Y no se trata sólo de las redes sociales –los medios masivos hoy hablan de su auge y Twitter es el fenómeno excluyente estos días– porque eso implica obturar otras funciones de gran relevancia, que merecen mayor atención.

El software permite hacer seguimiento de paquetes físicos, de datos y personas, establecer rutina, construir perfiles de grupos sociales, analizar consumos, elaborar estadísticas permanentes, crear mundos, copiar y editar, crear avatares y nuevas personas que se relacionan con otras en mundos digitales.

Analizadas individualmente, cada una de estas capacidades ofrece un espacio de exploración muy interesante. Por ejemplo, en la creación de avatares en metaversos se establece una continuidad entre los videojuegos, la soledad de las ciudades y la necesidad de narrar la historia propia desde un Yo reconocible por el Otro. Sobre esto habla Paula Sibilia cuando dice que el cuerpo es la nueva utopía.

Fredric Jameson decía que la moda en la Posmodernidad, servía para ofrecer información en forma rápida al Otro, que decodificaba gustos, preferencias e ideología a través de lo que comunica la ropa. Hoy todo eso se amplió hacia nuevos límites en los que el cuerpo propio incluye también a las imágenes autocreadas usando software.

La combinación de esto con otras capacidades como la posibilidad del seguimiento en tiempo real, la disponibilidad de mapas con capas temáticas –entretenimiento, salidas nocturnas, chicos perdidos, etcétera– y la publicación de perfiles online, permite configurar nuevos modelos de aceptación social, sociabilidad y autopromoción, que modifican radicalmente nuestra idea de ser humano tanto desde sus potencialidades como de sus nuevos derechos.

Entonces llega el momento de entender al software como un hecho cultural y avanzar en este nuevo campo de estudios.

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Kill The Beats

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Parecen inofensivas, es cierto. Copian todos los tics de sus ídolos y eternizan su imagen más pasteurizada. Quizás por eso causan tanto desagrado.

The Beats

Dedicado al justiciero que todos tenemos dentro, va este instructivo para deshacerse de un cantante genérico de banda tributo a The Beatles.

Instrucciones:

-Identificar con nombre y apellido al cantante de The Beats. Todos lo reconocemos por su falso y malogrado parecido a un John Lennon de La Paternal. Pero antes de liquidarlo, cerciórese de obtener datos más precisos sobre el tipo en cuestión. No sea cosa que liquidemos a cualquier dolobu que se le parezca, sin más razones que su portación de flequillo demodé, o artilugio capilar de similares características.

-Bajo ningún lugar, olvide informarse acerca de su vida familiar. Si tiene un hijo llamado Julian, y planea llamar Sean al segundo pibe, o estuvo casado con una Cintia, y curte con la hija del tintorero del barrio, el cantanticidio será mas que merecido.

-Deberá asistir a sus recitales para ver cómo imita a su ídolo. Al verlo repetir monerías que quedaron en desuso a fines de los 60, o escucharlo hablar del amor libre en estos tiempos, lo harán darse cuenta que la butaca de un teatro de barrio es un excelente lugar para planear un crimen.

-Por eso también tendrá que hurgar en sus cuadernos posibles composiciones musicales. Estos personajes son propensos a sentirse vacíos luego de años de calcar vida y obra de sus ídolos, y creen tener algún talento extra que el de la imitación. Confirmado: no lo tienen. No hay noticias de que un imitador se haya convertido en estrella. Y hay que hacérselo saber al copycat de turno. Un disparo es una buena forma de hacerlo.

-Para eso debe elegir un lugar apropiado. La elegancia del edificio Dakota sólo puede ser comparable con la rancia alcurnia de nuestro Kavannagh, lugar que alberga artistas, ladrones de guante blanco (funcionarios de dictaduras), y ancianas arrugadas de doble apellido, triple herencia y cero sensualidad. Tras llenar varias funciones con su grupejo de imitadores, y obtener un jugoso contrato con Juan Alberto Badía, el falso Lennon podrá cumplir su viejo anhelo y mudará sus pertenencias al Kavannagh, replicando la historia de su ídolo.

-Luego, recurrir a la guía telefónica, el padrón electoral o cualquier registro para encontrar a un Marcos Chapman. Cuando el futuro asesino esté en la mira, repentinamente comenzará a recibir discos de The Beats. Para él, sin razón alguna. Nunca sabrá que es parte de un maquiavélico plan.

-Cuando el Chapman local esté realmente compenetrado en el arte de los Fab-4-Copycats, deberá enviarle entradas para sus shows.

-Importante: hay que sabotear la conexión de cable del asesino, para que sólo pueda captar el programa de revólveres y armas que dan por K24, la señal pseudopolicial en la que trabajan algunos cincuentones trasnochados que aman la cacería, las armas y las peleas.

-Los primeros días de diciembre, un falso equipo de la empresa del cable, llegará a la casa de Chapman para arreglar su conexión. Pero en su lugar instalarán un cuidadoso sistema de audio que repetirá durante las noches: ¡Mata al imitador! ¡Mata al imitador! ¡Mata al imitador!

-Y el fatídico día 8, cuando el falso Lennon se levante para salir a comprar el diario y unas facturas para acompañar el mate, Marcos Chapman estará esperándolo, mientras en su cabeza retumba esa frase que lo llevará a la posteridad vernácula.

-Años más tarde, en su celda, cuando el sueño haya terminado, gritará a los cuatro vientos que es inocente, que todo fue un complot orquestado por unos delirantes que querían liquidar al cantante de The Beats.

-Cada 8 de diciembre, el asesinato de su ídolo quedará opacado por la muerte del verdadero Lennon. Imágenes de Mark Chapman inundarán la pantalla, y apenas habrá alguna referencia a él, con ese tonito socarrón que a veces logran los conductores de noticieros.

-Con suerte, algunos medios rescatarán las placas rojas que Crónica TV le dedicó el día del asesinato. “Falso Mark Chapman asesina a imitador de John Lennon.”