En la vida social, la revolución es un tiempo suspendido, donde el presente se redefine en un futuro que tiene infinitas líneas posibles. Se pueden establecer hipótesis previas, pero lo cierto es que la revolución es un tiempo sin respuestas.
Así se vive en la industria del entretenimiento, que está pasando por su momento más difícil desde el punto de vista de los ingresos, y no logra reposicionarse ante un público global cada vez menos dispuesto a pagar por la distribución física del contenido, aunque bastante abierto a gastar mucho dinero para vivir la experiencia de un concierto en vivo.
¿Será una banda híbrida como Gorillaz la que logre cabiar esta tendencia mediante la creación de personajes-músicos cartoon-pop y recitales en mundos digitales?
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