La obra de un autor puede ser un trabajo en proceso permanente de cambio. Así lo entiende Lev Manovich, un ingeniero ruso que vive en San Diego, Estados Unidos, que escribió El lenguaje de los nuevos medios, uno de los libros más interesantes sobre el impacto de las tecnologías de la información en los diseños comunicacionales.
Ahora Manovich da un paso más, y publica su nuevo libro Software takes command, bajo una licencia Creative Commons que permite a los lectores agregar, corrregir y modificar la obra del autor, y atribuirse esas modificaciones.
Algo que ocurría con la música en los siglos XVII y XVIII, cuando la noción de autor era menos relevante que hoy, y una obra podía incluir las revisiones de otros.
No sólo es interesante la obra de Manovich por lo que dice. Esta licencia abre la puerta a los usuarios a reaprovechar su contenido, apropiándoselo para luego producir una nueva obra. Algo que parece ir a contramano de la industria del conocimiento.

Resulta imposible no relacionar la creciente tendencia a bloguear, que existe entre los nuevos literatos, y la economía de la información. De eso se habló en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, pero el debate parece estancado entre las tibias defensas a la pertinencia de los blogs, la calidad de la escritura, y por parte de los escritores consagrados, la férrea defensa del libro versus la pantalla de la computadora.
Claramente, los blogs están erosionando los mecanismos de consagración del mundo literario. Por supuesto, hay buenos blogs y también bitácoras superfluas. Pero en un mercado donde las editoriales apenas se sostienen, y las tiradas de los libros no superan los 3.000 ejemplares, la escritura de blogs abre espacios nuevos, y permite ir a buscar lectores allí donde están. Todo un problema para la literatura.



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