Todo es diseño. La pava para hervir agua, los anuncios publicitarios, la cara renovada de una actriz que pasa los cincuenta años, un grupo musical de post adolescentes convocados en un concurso televisivo, o la experiencia de tomar un trago en el lobby de un hotel. Las actividades industriales –fabriles o culturales, da lo mismo– son programadas con un objetivo predeterminado. Una nota periodística da cifras: “El promedio de 5.000 diseños con el que cualquier persona interactúa a diario en el contexto urbano sirve para calibrar su importancia”. Read the rest of this entry »
La existencia de una esfera comunicacional basada en los grandes conglomerados de medios, la incorporación de Buenos Aires en el circuito medular del capitalismo financiero y la falta de un proyecto urbano que piense a la ciudad en su totalidad –basta ver cómo se colocan los anuncios en la vía pública– son las características más visibles de la trasformación de la capital argentina en una posmodernidad central, parafraseando a Beatriz Sarlo.
Con el advenimiento de la Sociedad de la Información y la constitución de una esfera digital de producción y distribución de contenidos, videos e imágenes, los debates se limitan a proponer planes para disminuir la brecha digital y educativa. Y en el mejor de los casos, algunos científicos sociales analizan de qué forma está cambiando la lengua castellana, debido a la fuerza de la globalización y a la creciente importancia que tiene el idioma inglés en la cultura contemporánea.
Pero esto no alcanza: la existencia de la Sociedad de la Información implica el uso de una extensa infraestructura –su área de servicios– que atraviesa las ciudades dejando su marca en las metrópolis latinoamericanas.
Hoy, Buenos Aires, como otras ciudades de América Latina, carece de un proyecto urbano que la piense en su totalidad y regule la construcción edilicia, la publicidad en las calles o el transporte público. Un hecho aparentemente naturalizado, que merece ser revisado con urgencia. Su área de servicios de comunicación adolece de los mismos problemas. Por eso es necesario documentar cómo estamos llevando a cabo el cambio de la ciudad moderna hacia la urbe posmoderna, y de qué manera incorporamos nuevos servicios, afectando las calles y los espacios comunes.
Aunque parezca una contradicción, trabajar sobre un soporte digital permite su rápida distribución y ser exhibido en diversos puntos. Este proceso está inserto en un contexto en el cual la relación entre la ciudad y las redes de información están en crisis estética y política. Pero es cierto que existen posibilidades de mejora, a través de la planificación y la construcción responsable, que pueden tomar provecho de las nuevas tecnologías, sin tener que ocupar el espacio público.
Lecturas
Sarlo Beatriz, Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930. Editorial Nueva Visión. Buenos Aires, 2003.
La city porteña el 20 de junio de 2002
“Vallas, tapias, policías y alambrados. No es una cancha de fútbol: es la city porteña después de los cacerolazos.
Los arquitectos bancarios argumentaron la necesidad de defender sus obras de la presión social e intentaron convertir a los victimarios en víctimas transformando la city en un centro de diseño posmoderno.
La casa matriz del Banco Río, en San Martín y Mitre, tomó la idea del corralito e hizo el suyo propio con dos vueltas de alambre de gallinero atados a una estructura de caños.
El Citibank, que está enfrente, se basó en la imagen de las cacerolas y tapó puertas y ventanas con una pared metálica hecha de aluminio que refleja un brillo sucio.
Sarmiento y Reconquista es uno de los lugares emblemáticos de estos tiempos. En la esquina sur se encuentra un edificio de siete pisos hecho con hormigón y vidrios polarizados, que comparte la medianera con el antiguo convento de la Defensa.
Su acceso está restringido por un tapiado metálico que se extiende por diez metros donde puede leerse “Chorros” y “Devuelvan la guita que se afanaron”, escrito rápidamente con marcadores rojo y negro, que oculta dos carteles que indican la entrada al cajero automático Banelco.”
Si no fuera de este modo, ¿qué explicación podemos dar a la reja que aún hoy corta en dos a la Plaza de Mayo?
La imagen que sirve de base para esta duplicación fue tomada del sitio El Observatorio.

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