Hay un acuerdo implícito entre empresarios periodísticos y lectores: que Argentina es un país Premium.
Cualquiera puede comprobarlo al hojear cuanta revista se venda por kioscos, ya sea de información general, política, diseño, tendencias urbanas. Todas, indefectiblemente, tienen una sección llamada Vidriera que se dedica a mostrar a la gente exitosa del momento –modelos, deportistas, actores o nuevos personajes que responden a la imprecisa categoría de mediáticos–, posando felices en el lanzamiento de nuevas gaseosas, celulares ultramodernos o desfiles de ropa. Por poner el cuerpo y su capacidad de ser eternamente elegibles por los editores de las revistas, cobran un buen dinero, y además reciben los productos que promocionan.
Más interesante es mirar las producciones de moda. Como la crisis de 2001 ya parece un cuento de otro siglo para muchos argentinos, la vuelta del esplendor y la ostentación dejó de ser patrimonio exclusivo de la década del 90, y hoy forma parte de la cultura contemporánea. Los precios de la ropa y los objetos de diseño que promueven las revistas no parecen muy accesibles para el empobrecido bolsillo de los lectores, que cada día compran menos revistas, según se quejan en las empresas periodísticas.
Al igual que sucede en los restaurantes de Palermo y Las Cañitas, que cocinan manjares exóticos para quienes pueden pagarlo, los medios se dirigen al público masivo con una oferta de productos y servicios algo sobredimensionada en términos de precio y accesibilidad. Por lo cual tenemos una rara paradoja en el país que durante décadas, supo cosechar lectores como trigo: los medios hoy se cierran sobre sí, pensando que la salvación provendrá de su público Premium.
La audiencia, por su parte, no sólo deja de comprar revistas sino que se vuelca hacia nuevos medios, en apariencia gratuitos, como la televisión e Internet. Pero la lectura mediática de las revistas de actualidad sigue dando resultados en términos de rating, y esa costumbre se trasladó a escenas cotidianas. Las amigas se juntan a leer Caras y Gente, o hacen excursiones a la peluquería, donde se enteran de las últimas novedades del mundo del espectáculo y la farándula. Un chiste que por repetido pierde gracia, pero no efectividad. El humor permite sobrellevar la presión que ejercen los medios para convertir a su audiencia en consumidores de ropa sofisticada, tratamientos corporales, viajes o joyas diseño.
La Argentina Premium, recurso de ejemplificación y educación de las empresas periodísticas, está basada en variables como la belleza –siempre lograda con paz interior– y la capacidad de consumo, obtenida por medios lícitos, como demuestran los ricos y famosos de la historia económica argentina.
Un ascenso económico repentino, una empresa exitosa gracias a las prebendas gubernamentales, o millones obtenidos por corrupción, nos proveen de la cuota necesaria de nuevos ricos y famosos que necesitan las empresas periodísticas para seguir sobreviviendo.
Esto no es ajeno a lo que pasa en el mundo, ni los medios argentinos son una excepción a la regla global de venta de contenidos periodísticos. Pero en nuestro contexto, la Argentina Premium funciona como una fórmula de segregación que iguala a todos bajo el mismo denominador común: su capacidad para el consumo.
(Montaje hecho usando la tapa de revista D-Mode, edición 98)
June 4th, 2009 at 5:03 pm
da best. Keep it going! Thank you