Estudios culturales del software

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Nuestra vida está configurada por el software que usamos. Abrimos Word para escribir; Firefox para navegar por Internet; Facebook para hablar con amigos o clickear Me gusta; copiamos y pegamos código embebido desde YouTube para compartir un video. Estudiar las interacciones en las redes sociales; entender las razones que tiene una persona para dar a conocer su ubicación geográfica y analizar los mundos que construyen mediante herramientas para modelar entornos gráficos serán el objeto de los próximos estudios culturales.

Generalmente, los debates sobre el uso de las tecnologías de la información y las redes sociales parecían nacidos desde la sociología, y giraban en torno a su capacidad integradora en el mundo escolar, a la condición disruptiva de los nuevos medios para influir en la agenda pública, y a los aspectos legales derivados del consumo de contenidos.

Hace pocos años surgió una corriente teórica con un enfoque más antropológico, que sostiene la necesidad de estudiar de qué forma los usuarios están moldeando sus entornos sociales a través de la capa de software que permea a todas las plataformas que usan diariamente. “Si queremos entender las técnicas contemporáneas de control, comunicación, representación, simulación, análisis, toma de decisiones, memoria, visualización, escritura e interacciones, nuestro análisis no será completo hasta que consideremos a la capa de software con la que interactuamos. Eso significa que todas las disciplinas contemporáneas –arquitectura, diseño, crítica de arte, sociología, ciencias políticas, humanidades, estudios de ciencia y tecnologías– necesitan contar con el rol del software y sus efectos en los temas que investigan”, asegura Lev Manovich, profesor del departamento de Artes Visuales de la Universidad de San Diego California, y pionero en la inclusión del software como eje de los nuevos estudios culturales.

Desde su laboratorio de net art fundó la iniciativa Software studies, donde analiza cómo impactan hechos aparentemente triviales como capacitarse en el uso de una nueva herramienta tecnológica mirando videos, descargar contenidos a través de un programa para compartir archivos o remixar una obra de arte, bajo una perspectiva que analice de qué forma el software habilita a las personas para hacerlo, y cuáles son los temas que tienen en mente los programadores a la hora de crear aplicaciones que pueden convertirse en plataformas globales de contenidos.

Y cuando piensa en programadores, no está pensando solo en esos chicos de lentes que comen y viven frente a la computadora. Está hablando de los creadores de YouTube, Facebook, Twitter, Google, Second Life, y tantas otras empresas, que cambiaron el paisaje de los medios y las mediaciones en los últimos quince años simplificando operaciones matemáticas a scripts, guiones que permiten realizar una acción.

Por eso, para hablar del epifenómeno de las comunicaciones, hay algunas cuestiones básicas que interesan a los estudios culturales del software.

Remix: es el primer problema epistemológico puesto sobre el tapete por los investigadores. Surgido en la década del 70 como parte de la contracultura del pop, que tomó el reggae como base rítmica, usó la repetición y la diferencia para crear una canción nueva basada en una ya existente. En su blog Remix Theory el deejay, académico y artista digital Eduardo Navas, entiende a este fenómeno no sólo como un problema de derechos de autor sino como un proceso de búsqueda de una nueva estética, basada en la combinación de elementos conocidos. Algunas de las obras que le llaman la atención no están en la música sino en el net art, una categoría bastante periférica todavía en el arte contemporáneo pero interesante desde el punto de vista de lo que propone: un arte realizable por programadores, diseñadores o comunicadores, entre otras profesiones.

Trazabilidad: esta característica que poseen cada vez más aplicaciones, programas y plataformas como Facebook y Foursquare representa un peligro para los defensores de la privacidad pero paradójicamente, cada vez más personas elijen dar a conocer su posición geográfica relativa. Esta característica empieza a ser difundida con rapidez por los operadores de celulares y las empresas ya que con el auge del GPS en los teléfonos celulares, la posibilidad de dar a conocer la ubicación es fácilmente activable. En sus inicios, se trataba de una aplicación dirigida a la industria farmacéutica, que por disposiciones legales, debía garantizar la ruta de los medicamentos. Hoy las empresas premian con regalos o descuentos a los usuarios que ofrecen su presencia virtual y real en sus negocios.

Curación de contenidos: nacida en el mundo del arte, esta disciplina pasó al mundo del software a través de filtros y scripts que permiten a empresas como Google recopilar información relevante para los usuarios. La tarea del curador de contenidos seguirá en manos de personas especializadas, pero resulta imposible realizarla sin la ayuda de una aplicación con cierto grado de inteligencia que permita filtrar los contenidos por idioma, fecha de publicación y relevancia de la fuente, entre otras variables.

Aprobación y desaprobación: algo tan simple como hacer clic en el botón que dice Me gusta genera un log (archivo de información) que puede sumar al perfil de la persona que navega. Cuando leemos publicidad contextual de temas que nos resultan conocidos o relevantes y queremos hacer clic en esos avisos, se debe a que las empresas de publicidad perfilaron nuestra dirección IP con ciertos consumos culturales, de los cuales luego damos cuenta como posibles compradores de productos y servicios. Esa capa de software que poseen las plataformas de contenidos nos permiten ser elegibles para promociones, ofertas y agrupaciones instantáneas por parte de empresas que hacen market intelligence online.

Medición ubicua: cualquier usuario de redes sociales puede medir su reputación online en base a cantidad de contactos, gente que lo menciona, transmisión y repetición de sus ideas (por ejemplo el retuit de Twitter) a través de herramientas fáciles que interactúan con las redes sociales sin necesidad de intervención de los usuarios. Aplicaciones como Klout o HootSuite permiten hacer de las mediciones una forma de socialización en la red.

Música para todos: una forma de compartir música es colocar la opción “Lo que estoy escuchando”, presente en redes sociales como Messenger, de Microsoft. Esta disponibilidad permite mostrar a los contactos la música que escucho, información sincronizada con las bases de datos de empresas como Apple (mediante iTunes) o agrupaciones como Collectorz, que califican a los usuarios en base a sus consumos culturales.

Entre todo esto, están las subculturas del software, que comienzan a tener mayor visibilidad no sólo en el mundo del net art sino también en el circuito del arte más tradicional. El muñeco del Pac Man, las fichas del Tetris, la pantalla del Space invaders, los personajes del Double Dragon hoy forman parte de la cultura popular.

A nivel local, todavía no existen videojuegos masivos con tanta inserción en la cultura popular, pero la exposición Game On, realizada en 2011 en la galería de arte Objeto a, congregó a varios programadores y artistas visuales de videojuegos a exponer sus obras.
Es por esto que la próxima generación de analistas culturales deberá programar, o al menos comprender algunas de las funciones básicas. Sin ese conocimiento, su tarea será tan inútil como hacer estudios de sangre sin saber química.

La sección inglesa

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Al principio empecé a nombrarla como un lugar del cerebro: lóbulo occipital, lóbulo parietal, cerebelo, sección inglesa, pero como su corporalidad se hizo cada vez más evidente, al tiempo, empecé a explicarla como un cuadrante móvil, la mira de un arma que apunta al cerebro, los pulmones, incluso el estómago, y que va de izquierda a derecha como si moviera el balance del amplificador.

Lo malo de contarla es que empezaban las preguntas. Y por regla, las preguntas son siempre molestas. “¿Sólo música?” “¿Por qué sólo música?”, escuchaba en modo insistente. “¿Por qué no Dickens, Carroll, Swift, o incluso Borges?” Buen punto. Borges tiene todo para que lo dejemos adentro, salvo por un pequeño asunto. Había decidido que la literatura no formaría parte de la sección inglesa. Este equívoco nos dio un buen dato: la pertenencia geográfica no es un punto de partida para definirla. Si fuera por eso, los Rolling Stones, John Mayall, Eric Clapton o Jamiroquai deberían formar parte de ella.

Hice un simple experimento. Elegí una canción al azar de alguno de ellos –todos técnicamente muy respetables–, para definir los límites de la sección inglesa. Disfracé de desafío metodológico lo que fue un simple capricho: hacer que una canción, un artista, hable por todos. No tenía sentido buscar al más representativo, ni la canción supuestamente más brit, ni la que les diera definitivamente el pasaporte a la sección inglesa. El hilo se corta por lo más fino, y la sección inglesa también.

Cualquiera que tuviera alcurnia rockera, respetaría el orden de planteado arriba, y hubiera elegido cualquier gran canción de los Rolling Stones como Sister morphine, Heaven o Wild horses. Nunca habría descartado grandes canciones de Mayall y Clapton, que seguramente las tienen. Incluso podemos enumerar grandes guitarras en la sección inglesa. David Gilmour, Robert Smith, Noel Gallagher. Buena parte de la sección inglesa se corta con el filo de las cuerdas de una guitarra Fender.

Así que decidí hacer esta delicada prueba de filiación con un ADN que tenía a mano: Feels so good, de Jamiroquai, una bonita página musical creada por Jay Kay, aquel que supo confundirnos por un tiempito con su voz de negra soulera, pero que gracias a sus borracheras antológicas logró que lo consideremos para la sección inglesa, espacio que se alimenta con alcohol y alcaloides.

Feels so good empieza bien: un goteo tecno, como si hubiera dejado abierta la canilla del sintetizador Roland mientras buscaba algo en el backyard de su casa en Chelsea, Londres. Casi una declaración de principios, el chisporroteo del sintetizador parecía dar pie a una nueva etapa Quai en la cual la música disco podría quedar definitivamente atrás en la historia de la banda, y abrir paso a un uso del teclado más brit pop, como si en esos días, Jay Kay hubiera decidido volver a las fuentes de las que nunca había abrevado.

Pasaron 0:24 segundos de la canción. La canilla tecno sigue goteando y el avión amaga despegar hacia el definitivo sonido del nuevo Quai produciendo el vértigo del Evatest… Pero cinco segundos más tarde vuelve el disco con toda su potencia de falso bajo fretless, guitarra rítmica y plato Zildjian marcando el ritmo. Vuelve el disco globalizado; el que pueden tocar los IKV y Willy Crook, miembros de honor de la Patria Soulera – donde Jay Kay vivirá por siempre– que lo trae a nosotros con su imaginario de conquista aeroespacial y llanero solitario del cosmos.

“Feels good

I’m stranded on a spaceship hideaway

and something makes me think I’m here to stay

I’m so happy where I am

Feels good.”

En su viaje temporal al universo paralelo del Stanley Kubrik de 2001, Odisea en el espacio, Jay Kay lleva a su tribu Quai a un viaje de introspectividad instantánea: “Se siente bien. Estoy varado en mi nave espacial, muy lejos, y algo me hace sentir que estoy donde debo estar. Estoy muy feliz donde estoy. Se siente bien.” Hasta acá, nada del trauma enfermizo que marca a la sección inglesa para Pink Floyd, The Who o The Cure. Su discurso de autoayuda sirve para justificar por qué hace lo que ya está hecho. Recorre el camino seguro, que para él siempre tiene un happy ending con autos de lujo, naves espaciales, buenas coreografías de un solo bailarín, groove eterno y letras que descubren nuestro maravilloso mundo, siempre que lo miremos desde lejos en nuestra nave intergaláctica equipada con salón de fumadores de porro.

El camino de la seguridad no va en nada con el dolorido espíritu de la sección inglesa, que tiene un paisaje de bruma, vista corta y grito hondo en Pink Floyd, y poca felicidad beatle, tempranamente empañada por Revolución 9, con su empalagoso y críptico locutor afrancesado.

Por historia, la sección es exploratoria y apropiadora, algo que bien supieron los sociólogos dedicados a los estudios culturales, que cerraban la brecha entre alta cultura y cultura popular tomando como objeto de estudio a esta última. Led Zeppelin hizo su viaje iniciático a Jamaica sin moverse de Leeds, donde Robert Plant, Jimmy Page, John Bonham y un improbable John Paul Jones, escucharon el reggae que trajeron desde el barrio/islita caribeña al centro del mundo cultural y lo tradujeron a la cultura rock masiva con D`yer mak`er.

Mientras tanto, Raymond Williams escribía sus Palabras clave para que todos nos pongamos de acuerdo de qué hablamos cuando hablamos de cultura, Madness jugaba a la conquista de géneros agregándole trombones y saxos al reggae en su variante ska, mientras Sting hacía lo propio con The Police y luego escapaba con una brillosa y parisina versión hacia el jazz.

Por izquierda definen a la sección inglesa como un colonialismo cerebral de lo más cerril, entreguista y cipayo, creado en la década infame del rock, es decir en los 80. Una especie de Invasión musical 88, que agarró el punkie del 77, el grito histérico de Sex Pistols cuando Johnny Rotten se manda el speech final de Holydays in the sun y lo recicló con el trash noventoso de los nuevos sujetos sociales surgidos de Conurbania, el extenso baldío arrasado que ahora sirve de laboratorio de pruebas para los antropólogos que se criaron leyendo a Stuart Hall, y hurgan en la cumbia villera para encontrar lo negro en la cultura popular.

En pocos lugares como en la sección inglesa, el trauma adolescente es tan bien comprendido y luego convertido en digno producto de la industria cultural. No hay recelos hacia quienes se expresan con violencia contra el sistema educativo, la aparente inmovilidad de la clase trabajadora, o la imposibilidad de ser dueño en una tierra donde todo, absolutamente todo, es de la Reina Madre.

Y si no es trauma ligado a guerras, depresiones, pobreza –siempre expresado hondamente– es aburrimiento fatal, pérdida de sentido, furor contra el sistema, cantado con el dolor de la imposibilidad en bellos discos. Los inventores del mercado dan un espacio a la rebelión, que luego será prolijamente envasada, distribuida y franquiciada para consumo universal mientras nos siguen corriendo por izquierda los estructurados-estructurantes de la soberbia France bourdiana.

Lo que no ven es que la sección inglesa no es contemporánea. Filosóficamente es neo retro posmoderna, va y viene por los tiempos sociales en forma desestructurada, un poco flow y a la vez pesada, pero nunca heavy metal. Su límite es el pasado, representado en un bosque con tréboles de cuatro hojas, duendes, gaitas, Enya, Loreena McKennitt y The Cranberries; donde todo es verde musgo, con lirismos y épica salidos del sentir gagá-orquestal-metalero de Rick Wakeman o Bruce Dickinson.

Quizás mucha teorización para algo nuevo, que arrancó hace apenas cincuenta años; que es bastante inasible, caprichoso, y que puede tener lugares de entrada tan disímiles como el grito profundo de Pink Floyd; el pop reventadito de Blur; el dolorcito sexy de The Cure; el himno de rebelión pacífica The Verve; The Clash todo The Clash; la entrada triunfal a Londres de Iggy Pop; o la sensual la tristeza de Lullaby of clubland en Everything but the girl cuando nos pregunta a todos pero sintiendo que nos habla a cada uno: Are you on your own?

Para mejorar la educación informática

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Caso tutoriales PositivoBGH from La Real on Vimeo.

Un artículo publicado a cuenta de los resultados del Censo Argentina 2010 mostró que una gran parte de los adultos no sabe como usar una computadora.
Para paliar este problema, una solución puede ser la que muestra este video, sobre un caso desarrollado íntegramente por La Real

Silicon Valley ante otra burbuja

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Esta crónica, publicada a fines de 2005, era un racconto sobre el Silicon Valley a pocos años de la primera burbija de Internet. A metros de llegar a la próxima, bien vale un repaso…

Estaban en la cresta de la ola. Con algo más de veinte años ganaban sueldos de ejecutivos experimentados, tenían salas de descanso equipadas con videogames y en lugar de destruir sus estómagos con el recalentado café de filtro, podían pedir gaseosas, snacks y hamburguesas cuantas veces quisieran.
Aunque sus padres habían sido los hippies contestatarios de la década del sesenta, ellos alimentaban el sueño americano con ideas que parecían valer millones. Eran los jóvenes mimados por los inversores de riesgo, Wall Street y la industria IT. Según los gurúes, eran los artífices de la Nueva Economía, un concepto que se difundió esa pasmosa velocidad que logran las palabras cuando se ponen de moda. La irrupción de Internet hizo que todo el mundo mirara hacia el Silicon Valley como si fuera la nueva meca. Al fin y al cabo, en ese valle de 50 kilómetros de extensión se concentraban las mayores riquezas del planeta: su PIB de US$ 750.000 millones superaba incluso a muchas naciones de la Unión Europea.
Pero el viernes 14 de abril de 2000, cuando el Nasdaq se desplomó hasta límites insospechados pocos meses antes, la Economía Digital –como gustaban llamarla las publicaciones especializadas Wired, Business 2.0 y Red Herring– se apagó con la irónica velocidad de un click, y la tecla que había encendido a la Nueva Economía quedó en off.
Ese viernes fue el final de la fiesta.
Los emprendedores que ofrecían café Premium, masajes en el trabajo, y la visita de un heladero por la oficina para atrapar y retener a los supuestos talentos de Internet, tuvieron que bajar rápidamente sus expectativas y cancelar sus ofrecimientos. Los reportes de gastos asustaban a los CFOs. Los capitalistas de riesgo comenzaron a reclamar devoluciones por el dinero con una firmeza inusitada: sus papeles perdían valor a un ritmo frenético. Las dos semanas que siguieron al crack en la bolsa fueron los peores días de sus vidas.
Las stock options perdieron su valor a un ritmo que sólo conocen los países que vivieron procesos inflacionarios. De hecho, a menos de dos meses del estallido, uno de los principales ejecutivos de Pets.com, el portal dedicado a las mascotas que quemó más de US$ 60 millones, decidió hacer un regalo especial a los venture capital (VC) que habían apostado por su proyecto: empapeló la sala de estar de su casa con las acciones de su compañía.
En esa época, se registró la mayor cantidad de pedidos para colocar el sufijo .com a todos los sustantivos conocidos y también los posibles. “Entre julio y septiembre de 1999 se registraron 5 millones de dominios de Internet. Y no todos eran propiedad de sus dueños originales. Recuerdo que cuando AOL se instaló en Brasil, el dominio aol.com.br estaba tomado por una empresa local que tenía esas iniciales. Recién luego de un juicio millonario, AOL pudo conseguir ese dominio”, recuerda John Boruvka, VP de Ventas para América Latina de Iron Mountain, una empresa dedicada al negocio de las patentes desde la década del 40 y que a partir de Internet reenfocó su negocio hacia la provisión de sistemas para administrar dominios.
Ese fue el caso de Toys.com, un retailer online que quiso ingresar al negocio de los juguetes contratando a todos los talentos del sector. Su sueño duró poco. De hecho, el dominio cambió a etoys.com y desde mayo de 2004 la empresa pertenece a sus antiguos managers, luego de una operación denominada MBO (Management Buy Out) mediante la cual sus ejecutivos principales se quedaron con la operatoria a cambio de continuar con la empresa y afrontar las deudas de las gestiones anteriores.

Ejecutivos en baja
Para los proveedores de tecnología, el problema tuvo aristas bien diferentes. Si de algo se jactaban los empleados de Microsoft, era de sus ingresos. A pesar de que la empresa de Bill Gates era ampliamente reconocida por ofrecer las remuneraciones más bajas del mercado, sus ejecutivos siempre sostuvieron que el negocio pasaba por sobrevivir los primeros años acumulando stock options obtenidas por pocos dólares, para comercializarlas luego al valor de mercado. Pero con la explosión de la burbuja de Internet, las acciones pasaron a ser un lastre para su personal. Poco tiempo después, Microsoft tomó la decisión de suspender la entrega de stock options entre sus empleados con el fin de evitar que la moral caiga junto al precio de las acciones. “Esta medida debería trasladarse a empresas como Cisco o Yahoo”, advirtió Rob Enderle, analista de Forrester Research. Y su consejo fue escuchado en todo el Valle. Empresas que se habían jactado de pagar los mejores salarios de la industria IT debieron recortar sus gastos y sueldos. “Lo primero que se notó fue el cambio en la gente, como si despertaran de un sueño en el que cualquier cosa funcionaba y se encontraran desinflados, sorprendidos de que las cosas hubiesen cambiado tan rápido. Había mucha gente que pensaba retirarse antes de llegar a los 40, porque tenían muchas stock options y esos sueños también se esfumaron. Después empezaron los lay-offs. Era cosa de todos los días que apareciera alguna noticia sobre una empresa que debía recortar 5.000 puestos de trabajo, o 10.000. En total creo que casi 200.000 personas se encontraron sin trabajo aquí. Muchos se fueron a otras partes del país. Se notó mucho en el tráfico. Había menos coches en la autopista”, recuerda Manuel Vara, un investigador de origen latino que trabaja en el Laboratorio de Investigación y Desarrollo de Intel.
En junio de 2000, la revista de informática CRN informaba que las compañías que habían decidido apostar a la Nueva Economía, debieron reducir drásticamente los salarios de sus empleados. Lucent Technologies, que en ese momento había apostado por apoyar a la mayor cantidad de emprendimientos virtuales tanto desde el punto de vista tecnológico como de capitales, redujo el salario sus ejecutivos principales en más de un 50 por ciento. Richard McGinn, VP de Operaciones de la compañía, vio como su salario caía de US$ 13 millones a menos de la mitad. Algo similar le sucedió a Eckhard Pfeiffer, antiguo CEO de Compaq, cuyo salario se redujo a US$ 1,6 millón y su poder de compra de acciones quedó en cero, por haber intentado protagonizar la fiebre de las puntocom con sus servidores de la línea ProLiant. Su caso es aún más patético porque a pesar de haber sido el líder de una de las empresas de tecnología más grandes del mundo –timoneó la compra de Digital en 1998 por un valor récord en ese momento de US$ 9.600 millones– su salario apenas equiparaba al de un ejecutivo destacado de empresas de menor tamaño. Su par en IBM, Lou Gerstner, ese año había embolsado nada menos que US$ 9,2 millones. Pero al igual que él, no pudo participar con acciones de su compañía. Y por si fuera poco, el board de la compañía decidió echarlo a finales de ese año porque no había producido los resultados esperados.

E true Silicon story
A mediados del siglo XIX, esa zona de California había vivido la fiebre del oro. De distintos lugares de la Unión, llegaron colonos con sus familias, embusteros profesionales y vendedores de todo pelaje para tratar de sacar el máximo provecho de las pepitas de oro que emergían de los ríos californianos.
En el siglo XX, el oro cambió por el silicio. Después de la segunda guerra mundial, los Estados Unidos tuvieron un rol predominante en la economía mundial. Pero eso no alcanzó a las universidades de la costa oeste, que debían enfrentar la falta de recursos en detrimento de otras zonas del país afectadas a la carrera espacial en la que se había embarcado el país. En esa época, los académicos de la Universidad de Stanford veían peligrar sus trabajos debido a la falta de fondos, y decidieron planear el futuro de la institución en una nueva dirección: las comunicaciones y la informática. De ese campus salieron los profesionales que luego crearon e hicieron grandes a empresas como Hewlett-Packard, Apple, Oracle, Microsoft, e Intel, entre otras.
“Había muchos laboratorios de investigación, incluso de investigación básica, que es lo más sofisticado que existe en materia de tecnología. Era una industria muy dinámica pero no loca como se vivió a fines de los 90”, recuerda Marcelo Cancelliere, un argentino que a comienzos de la década pasada trabajaba como ingeniero del laboratorio de storage de IBM, ubicado en la sede de San José, en el corazón del Silicon Valley.
Sun Microsystems, por ejemplo, es uno de los emprendimientos nacidos allí. De hecho, Sun no refiere al sol sino que es la sigla de Stanford University Network. Pero los verdaderos pioneros de la zona son sin dudas, Bill Hewlett y Dave Packard, que en 1939, y a contrapelo del mundo, se instalaron en el mítico garage de Palo Alto, para armar los primeros instrumentos de precisión que permitieron la creación del gigante Hewlett-Packard.
Así como los signos febriles eran idénticos a la época del oro, los emprendedores del silicio también debieron hacer punta a fuerza de insistir con sus ideas. Ese fue el caso de Gordon Moore, fundador de Intel. El 19 de abril 1965, este ingeniero publicó un artículo en la revista Electronics, revolucionó al incipiente sector informático, y finalmente, al mundo entero. En esa nota predijo que la velocidad de los procesadores se duplicaría cada año, debido a la creciente complejidad de los transistores. La Ley de Moore, conocida por todos los estudiantes de ingeniería electrónica pero vivida por toda la humanidad, dio el puntapié inicial para el desarrollo de la industria IT tal como la conocemos hoy. PCs, notebooks, handhelds, teléfonos celulares: todos llevan un chip en su interior.
Eso le dio a Moore una fortuna más que considerable. Según el periodista de Newsweek David Kaplan, el fundador de Intel es uno de los hombres más ricos del valle, y por ende, del mundo. Su fortuna personal asciende a más US$ 10.000, pero a diferencia de vecinos como Steve Jobs y Steve Wozniak (fundadores de Apple), o Larry Ellison de Oracle, que gustan exhibir su riqueza, él prefiere apoyar causas filantrópicas y dar paseos por Woodside, la localidad más cara de la zona.
Pero todo es realmente caro allí. Según un estudio realizado por la consultora The Santa Clara Real Estate Report, la venta de casas en 2004 estaba en baja respecto del año anterior. La caída fue de un 8 por ciento en las ventas, pero a pesar de eso, los precios continuaron subiendo casi 5 puntos. Una familia promedio debe abonar cerca de US$ 1 millón para acceder a un hogar que posea las comodidades estándar que exigen de la zona, y a veces la puja con otros colegas puede llevar ese precio hasta casi el doble. “La vida en Silicon Valley siempre ha sido un poco más rápida que en el resto de California, pero en los años dotcom todo se puso un poco más loco. El precio de las casas subió muy rápido y mucha gente tuvo que marcharse de la zona porque vivir aquí se puso muy caro. Hubo muchos casos de gente peleándose por comprar una casa y ofreciendo mucho más dinero que lo que las casas valían. Por ejemplo, una casa a la venta por US$ 700.000 (que aquí es una casa pequeña) acababa vendiéndose por más de un millón porque los compradores empezaban a competir uno con el otro como si fuera un juego. Había mucha gente con demasiado dinero. El tráfico también cambió porque mucha gente se mudó a Silicon Valley. Había atascos de tráfico en las autopistas a cualquier hora del día. Era agobiante”, recuerda Varas.
Una investigación publicada por la revista Rolling Stone a finales de 1999 ejemplifica el problema habitacional que aún hoy existe. A Thomas Joy, oficial de la policía de Los Altos, una localidad donde las casas aumentaron más del 40 por ciento en plena burbuja puntocom, no le alcanza para vivir allí. Como vive a más de doce horas de auto de su lugar de trabajo, este agente hace el recorrido una vez a la semana, y durante cuatro noches duerme en casa de su madre o incluso en un cuarto habilitado a tal fin en la dependencia policial.
Aunque uno de los efectos post crash fue la caída de los precios de los inmuebles, sólo tardaron un año en recuperarse, y en 2002 volvieron prácticamente a los niveles anteriores a la crisis. “Cuando analizamos la expansión de nuestra compañía en los Estados Unidos, evaluamos la posibilidad de instalarnos en el Silicon Valley porque están los talentos tecnológicos y la industria se encuentra allí, pero finalmente optamos por instalarnos en la costa este (primero en New York, luego en Boston) porque teníamos mejor acceso a los inversores, y porque acceder a una oficina o tener nuestra propia casa era mucho más económico que en el Valle”, explica Jonatan Altszul, fundador de Core Security Technologies, un emprendimiento de origen argentino que recibió US$ 11 millones por parte del Chase Manhattan Bank para impulsar su negocio de seguridad informática.
Pero el auge de la costa este aún no se hace sentir en los precios de los inmuebles. Sobre un total de 17.000 viviendas familiares el año pasado, la consultora de Real Estate predice que este año, las casas aumentarán otro diez por ciento, aunque su demanda caiga un 5 por ciento respecto de 2004. Y las hipotecas aumentarán un 7 por ciento en este período. A nivel nacional, las ventas de inmuebles subirán 2,5 puntos pero sus precios subirán 5,3 unidades, en promedio. La mitad de lo que aumentan en el Silicon Valley.
Boston es uno de los nuevos centros hacia los cuales se desplazan los fabricantes de tecnología. Internet existe gracias a tres grandes inventores: Gordon Moore de Intel, Vinton Cerf, creador del protocolo TCP/IP y Bob Metcalfe, desarrollador de la tecnología Ethernet. Su empresa, 3 Com, fue una de las pioneras del Silicon Valley pero en 2003 anunció oficialmente la mudanza de sus oficinas desde Santa Clara hacia el estado de Massachussets. “Dejamos un centro de desarrollo en el Valle con 250 personas, con un VP encargado del tema”, cuenta Mehmet Balos, VP de Marketing y Comunicaciones de 3 Com. Este proveedor, que en el último año tuvo ingresos por US$ 699 millones, posee 2.000 empleados en todo el mundo. “Ahora somos la primera compañía en salir del Silicon Valley hacia Boston”, se jacta.
A pesar de la caída de las puntocom y la competencia de nuevos polos de desarrollo, el Valle sigue su vida y parece encontrar su punto de equilibrio posicionándose como la zona más próspera y cara del país, pero también como la cuna de la innovación tecnológica. Siempre y cuando no vuelva a acontecer otra burbuja que decrete el fin de la fiesta…

Unboxing: la experiencia que se desvanece en el aire

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Es interesante ver como algo tan efímero como la experiencia de una compra, se está convirtiendo en algo cada vez más complejo. Como continuación de la experiencia en el shopping, los usuarios de tecnología comenzaron a subir sus videos de cómo es el unboxing de sus compras de notebooks, netbooks y iPads, compartiendo con otros usuarios el efimero momento en el cual lo novedoso deja de serlo.

Esta práctica extiende el ciclo de novedad, y da fuerza a la categoría de usuarios más importante para las empresas de tecnología (early adopters), y abre preguntas no sólo para el estudio del consumo, sino también para el mundo del arte, que entendió el valor de la experiencia muy tempranemente, y en lugar de integrarse a la vida social, es fagocitado por ella.

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Wikileaks y verdad

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Una de las consecuencias de las filtraciones publicadas por WikiLeaks es tan política como filosófica: la potencia que tendría la verdad de revelar la hipocresía de un sistema.
Más allá de contenido de los cables -tema del cual se encargó el periodismo- se abrió un debate acerca de la construcción social que hacen los medios, a partir de la recontextualización que hacen sobre los dichos de la diplomacia norteamericana.

Si bien la tecnología brinda acceso a la información de primera mano -un funcionario se comunica con los ciudadanos usando Twitter, elimina la instancia de mediación periodística- cuando los mecanismos de construcción social de la verdad quedan expuestos, el debate acerca de la verdad comienza a ser un poco más interesante de lo que había sido hasta ahora.

¿Sobre qué texto se discute ahora? ¿Es el contenido de la filtración o el resumen que hace cada medio lo que se debate?

En el contexto actual de puja entre el gobierno los medios, este relativismo barre con uno de los viejos argumentos que esgrimían los periodistas ligados a las vertientes liberales de la profesión, bajo el axioma que cada periodista es una persona libre que investiga lo que considera necesario en su búsqueda de la verdad.

Pero también termina con la pretensión de la verdad militante, que juega con criterios periodísticos liberales cuando debe abrir ariete, y calla cuando no le conviene, eludiendo el debate con una alta cuota de deshonestidad intelectual.

En este relativismo, toda prensa es militante, porque en realidad lo que se está oponiendo son modelos de entendimiento de la vida en democracia. Y esto es algo a lo que no estamos demasiado acostumbrados.

Síganme, no se puede evitar

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Nuestra vida está moldeada por el software que utilizamos. Y una de las consecuencias de eso es que hoy podemos establecer miles de cartografías repletas de la información con nuestros recorridos diarios.

Hoy podemos pensar nuestras navegaciones en las redes como derivas. Pero lo cierto es que al igual que en el mundo real, se impone una especie de neo medievalismo, ya que los recorridos son bastante parecidos todos los días, y la variedad no es demasiado extensa.

Esto viene a cuento de un debate que tuvimos en Twitter con @enriquecarrier a propósito de este artículo que escribió sobre la libertad de movimiento de los usuarios entre las redes sociales, cuyo modelo se acerca al de los viejos BBS.

Si analizamos nuestro comportamiento como usuarios, las redes sociales nos están invitando a compartimientos de información que no se comunican fácilmente entre si, generando algo que aún desconocemos pero que pronto va a ser una realidad: el pasaporte digital o la identidad digital unificada.

Desde el punto de vista técnico, este pasaporte digital podría resolver el proceso de identificación, validación y autenticación, instancias que vivimos diariamente al entrar a nuestro correo, acceder a las redes sociales y descargar algunos contenidos.

Una de las metodologías que se están probando para validar identidades consiste en guardar perfiles de navegaciones (ya no derivas, sino trazabilidad de las personas) para identificar si el par usuario contraseña coincide con el historial y la dirección IP de la persona que intenta entrar a un sitio.

Con esto, la trazabilidad pasa a ser un componente vital para determinar una identidad, lo cual da lugar a la verificación del historial de una persona, para saber si es quien dice que es. Esto sucede mientras el anonimato es cada vez más cuestionado en los medios. Algo para pensar.

Un upgrade involuntario

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Cuando las fuentes de gobierno no hablan por los medios tradicionales, debido a la lucha que tienen en el marco de la puesta en práctica de la nueva ley de medios, tecnologías como Twitter permiten a los periodistas llegar a los gobernantes sin pasar por los filtros habituales. Pero lo más interesante es que todo lo que se dijo se puede reproducir, con lo cual lo que dijo el entrevistado, es lo que sale publicado.

Ese fue el caso de Pablo Martín Fernández (@fernandezpm), que publicó la entrevista que le hizo al Jefe de Gabinete Aníbal Fernández (@FernandezAnibal), en el marco del cierre de Fibertel. Además del valor de la información, también es válido entender esto como un experimento de cómo el software moldea nuestro acceso a la información.

De qué hablamos cuando hablamos de flexibilización

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Uno de los problemas más grandes de la libertad de prensa es la flexibilización laboral en el periodismo a través de la figura de los colaboradores. Reproduzo aquí el e-mail enviado por Alicia Giorgetti a una lista de periodistas, donde realiza una magistral síntesis del problema durante el conflictivo cierre del diario Crítica de la Argentina. Sus comentarios en bastardilla:

Me preguntaba qué estaba pasando con el diario Crítica porque me pareció que había bajado el nivel de exposición del tema. Entonces, me puse a buscar comunicados de prensa. Y encontré la prueba de mi afirmación -que tal vez escandalizó a varios- referida a que los periodistas en relación de dependencia y los delegados no tenían en cuenta a los “colaboradores”. En ese momento, ellos mismos afirmaron que hacía 8 meses que los colaboradores no cobraban, pero iniciaron la protesta cuando los que trabajan en relación de dependencia dejaron de cobrar.

Hoy, y en base a sus comunicados, se verifica que arreglaron el cobro en cuotas (de marzo y parte de abril) y dejaron afuera a los colaboradores. Eso sí, seamos solidarios.

Acá, las pruebas:

3 de mayo de 2010: Salvemos a Crítica de la Argentina

http://diariocriticadelaargentina.blogspot.com/2010/05/salvemos-critica-de-la-argentina.html

“…la empresa aún no saldó los sueldos de marzo…”

No se mencionan a los colaboradores, sólo que se les debe parte del sueldo de marzo.

14 de mayo de 2010: Crítica se moviliza al Ministerio de Trabajo

http://www.lagremialdeprensa.com.ar/?p=473

“… A los trabajadores se les debe parte del sueldo de marzo y la totalidad de los haberes de abril. Mientras que los colaboradores externos no cobran desde octubre de 2009…”

Informó: Comisión Interna del diario Crítica de la Argentina

Comienzan a aparecer los colaboradores “externos”, como para aportarle dramatismo al conflicto. Además de institucionalizar el trabajo en negro con la categorización de “externos”. Y siguen diciendo que les falta cobrar parte de marzo.

18 de mayo de 2010: Crítica: audiencia en el Ministerio de Trabajo

http://www.lagremialdeprensa.com.ar/?p=483

…”La empresa editora del matutino, Papel 2.0, comunicó al ministerio que el martes 19 de mayo depositará en las cuentas de todos los trabajadores en relación de dependencia la suma de $ 600, excluyendo a los colaboradores, a quienes no les abona ninguna factura desde octubre de 2009. En caso de que la empresa efectivice ese pago, sólo habrá saldado los salarios de marzo y abonado apenas $ 250 de los de abril…”

Informó: Comisión Interna del diario Crítica de la Argentina

Aceptaron un acuerdo que deja afuera a los colaboradores.

28 de mayo de 2010: Carta abierta a la Presidenta

http://diariocriticadelaargentina.blogspot.com/2010/05/carta-abierta-la-presidenta.html

“Al día de la fecha, la empresa adeuda la mayor parte de los salarios del mes de abril y a los colaboradores no les abona desde octubre de 2009…”

Ahora dicen que se les adeuda parte de abril. O sea: cobraron marzo y la mitad de abril, y los colaboradores no cobraron nada.

30 de mayo de 2010: Diario Crítica: No al vaciamiento

http://lanaranjadeprensa.blogspot.com/2010/05/diario-critica-no-al-vaciamiento.html

“…Hasta ahora, los trabajadores cobraron dos tramos de $600 y $800, y el gobierno prometió dos Repro ($1.200) para fin de mes. Los $2.600 están lejos de los sueldos mensuales de los trabajadores, ya que recién normalizaron marzo y quedarán en el mejor de los casos cobrando un 50% de los sueldos de abril…”
La confirmación de que los periodistas en relación de dependencia cobraron y ya no se habla de los colaboradores.

Habemus banda ancha

Vida digital 7 Comentarios »

Desde el jueves 21 de enero, Atlántica Video Cable provee banda ancha a los vecinos de Las Toninas.
Si vuelven al campeonato costero de fútbol de salón, los fans de Los 14 del Capot van a poder actualizar su blog siempre y cuando paguen los $80 mensuales que cuesta el acceso de 1 MB de velocidad, y los $200 que cobra la empresa por el cargo de conexión.

Eso sí, no se tienen que olvidar de ir a Santa Teresita a buscar el cablemódem. El aparato todavía no llegó al local comercial que tiene AVC en la calle 7, frente a la delegación municipal del Partido de la Costa.

(Foto del viaje de Julia Fernanda a Las Toninas, subidas acá)

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